Comunismo libertario: una introducción

Comunismo libertario: una introducción

Breve introducción a lo que nosotros en libcom.org nos referimos cuando hablamos de comunismo o comunismo libertario, qué es y por qué creemos que es buena idea.

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Introducción

Cuando hablamos de comunismo, nos referimos a dos cosas. Primero, a una forma de organizar la sociedad basándose en el principio “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”; y segundo, al movimiento real hacia dicha sociedad en el mundo actual. Aquí abordaremos ambas visiones, comenzando con la segunda, que es el significado menos conocido.

El movimiento real

En nuestra introducción al capitalismo, describimos la economía capitalista y señalamos cómo es que las necesidades del capital —orientadas al lucro y la acumulación— son opuestas a nuestras necesidades como miembros de la clase trabajadora.

Los empleadores intentan reducir los salarios, disminuir las pensiones, eliminar empleos, aumentar la jornada laboral, acelerar el trabajo y dañar el medioambiente. Es por esto que, cuando podemos, oponemos resistencia porque las condiciones en las que vivimos bajo esta economía nos impulsan a reivindicar nuestras necesidades contra el capital.

Por esta razón es que cuando cooperamos, cuando usamos acción directa y solidaridad para reafirmar nuestras necesidades —por ejemplo, cuando organizamos huelgas o huelgas de celo contra recortes salariales o mayores cargas de trabajo— comenzamos a sentar las bases de un nuevo tipo de sociedad.

Una sociedad basada en la cooperación, la solidaridad y satisfacer las necesidades humanas: una sociedad comunista.

Por lo tanto, el comunismo como movimiento, es la tendencia constante a la cooperación, ayuda mutua, acción directa y resistencia de la clase trabajadora en una sociedad capitalista.

En ocasiones, esta tendencia ha reunido a una parte importante de la clase trabajadora en grandes oleadas de agitación social y militancia en el lugar de trabajo, como en la oleada estadounidense de huelgas imprevistas en la posguerra, el otoño caliente italiano de 1969, el invierno del descontento británico en 1978 o la resistencia antiausteridad en Grecia desde 2010.

Ha habido veces en que esta agitación social incluso ha detonado la explosión de eventos revolucionarios, tales como París en 1871, Rusia en 1917, Italia entre 1919 y 1920, Ucrania en 1921, España en 1936 y Hungría en 1956. Estas son sólo algunas de las ocasiones en que la clase trabajadora ha intentado, mediante la acción colectiva, reformar la sociedad basada en nuestros propios intereses en lugar del de los jefes.

A cada cual según sus necesidades…

En todo el mundo, no son pocos los políticos o grupos políticos que aseguran tener planos preparados para crear una sociedad más justa. Sin embargo, el comunismo no es algo que puedan decretar o poner en marcha partidos políticos o políticos individuales, sino que se debe crear mediante la participación masiva y la experimentación de la mano de nosotros mismos como trabajadores.

Por consiguiente, vale la pena señalar en esta etapa que el “comunismo” no tiene nada en común con la antigua URSS o los regímenes actuales de Cuba o Corea del Norte. Estos corresponden esencialmente a sociedades capitalistas con un solo capitalista: el estado. De igual forma, el término tampoco tiene nada que ver con China, cuyo partido gobernante se llama a sí mismo “comunista”, mientras dirige una de las naciones capitalistas más exitosas del mundo.

No obstante, en los diversos eventos revolucionarios a lo largo de la historia (algunos de los cuales se mencionaron anteriormente), los miembros de la clase trabajadora han experimentado con distintos aspectos de la puesta en práctica del comunismo. Para hacerlo, establecieron los principios de cómo se debería organizar una sociedad comunista, además de ejemplos prácticos de lo que es posible cuando actuamos juntos de acuerdo con los intereses de nuestra clase.

Sin jefes

En lugar de la propiedad o el control de los medios de producción —la tierra, las fábricas, las oficinas, etc.— en manos de individuos privados o el estado, una sociedad comunista se basa en la propiedad y el control comunes de dichos medios. Además, en lugar de centrar la producción en el intercambio y el lucro, el comunismo significa que la producción es para satisfacer las necesidades humanas, incluida la necesidad de un medioambiente seguro.

Ya en la actualidad, somos nosotros los trabajadores quienes producimos todo y operamos todos los servicios necesarios para la vida: pavimentamos los caminos, construimos los hogares, conducimos los trenes, cuidamos a los enfermos, criamos a los niños, elaboramos los alimentos, diseñamos los productos, confeccionamos la ropa y le enseñamos a la próxima generación.

Y cada trabajador sabe que, con frecuencia, los jefes estorban más de lo que ayudan.

Abundan los ejemplos que demuestran que los trabajadores pueden operar eficazmente los lugares de trabajo ellos mismos. De hecho, pueden hacerlo mejor que en los lugares de trabajo organizados jerárquicamente.

Un ejemplo reciente son las fábricas tomadas durante el levantamiento de 2001 en Argentina, cuando un tercio de la industria del país quedó bajo el control de los trabajadores. Asimismo, históricamente ha habido casos incluso más grandes y amplios.

Por ejemplo, durante la guerra civil española de 1936, los trabajadores tomaron el control y operaron colectivamente la mayoría de las industrias de la España revolucionaria. Donde fue posible, en algunas áreas los trabajadores se acercaron más a una sociedad comunista, aboliendo el dinero o distribuyendo gratuitamente los bienes que no eran escasos.

En Seattle, en 1919 durante la huelga general, los trabajadores tomaron el control y la administración de la ciudad. En Rusia, en 1917 los trabajadores se apoderaron de las fábricas, antes de que los bolcheviques devolvieran la autoridad a los jefes.

Sin salarios

El comunismo también significa una sociedad sin dinero, donde nuestra actividad—y sus productos— ya no toman la forma de objetos que se puedan comprar o vender.

La principal preocupación de la mayoría de las personas es si, en una sociedad comunista, los humanos realmente podrían producir lo suficiente para sobrevivir sin la amenaza implícita de indigencia impuesta por el sistema salarial.

Sin embargo, existe una vasta evidencia que demuestra que no necesitamos la amenaza de indigencia o hambruna latente sobre nosotros para desempañar una actividad productiva.

Durante la mayor parte de la historia humana, no hemos tenido dinero ni trabajo salarial y de todas formas se han desempeñado las labores necesarias.

En sociedades de cazadores-recolectores, por ejemplo, que fueron mayoritariamente pacíficas e igualitarias, no había distinción entre el trabajo y el juego.

Incluso hoy, una enorme cantidad de trabajo necesario se hace de manera gratuita. En el Reino Unido, por ejemplo, a pesar de las largas jornadas laborales, las personas (principalmente mujeres) también realizan más de tres horas de quehaceres domésticos no remunerados todos los días. Además, prácticamente el 10% de las personas también realiza labores de cuidado sin remuneración y el 25% de los adultos de Inglaterra realizan trabajo voluntario por lo menos una vez al mes. A nivel mundial, el valor del trabajo no remunerado para la economía se estimaba en $11 trillones al año en 2011.

Casi cualquier tipo de trabajo útil en el que se pueda pensar también lo realizan personas de manera gratuita en oposición al concepto de "trabajo" a cambio de un salario, demostrando que no son estrictamente necesarios: cultivar alimentos, cuidar niños, tocar música, reparar automóviles, barrer, hablar con personas acerca de sus problemas, cuidar enfermos, programar computadoras, confeccionar ropa, diseñar productos… la lista es eterna.

Estudios muestran que el dinero no es un motivador eficaz para un buen rendimiento en tareas complejas. Que las personas tengan libertad y control de hacer lo que desean y de la forma que desean, además de contar con una razón constructiva y socialmente útil para hacerlo, resulta el mejor motivador.

Cosas como el movimiento de software gratuitos también demuestran cómo la organización colectiva no jerárquica en pos de un objetivo socialmente útil puede ser superior a la organización jerárquica con fines de lucro y que las personas no necesitan salarios para motivarse a producir.

Igualmente, sin un fin lucrativo, cualquier avance tecnológico que haga que el proceso de trabajo sea más eficaz, en lugar de causar el despido de empleados y hacer que los trabajadores restantes trabajen más (como sucede en la actualidad), podría hacer que todos trabajemos un poco menos y gocemos de más tiempo libre. Consulta nuestra introducción al trabajo para obtener más información.

Sin el estado

En nuestra introducción al estado, definimos el gobierno como "una organización controlada y administrada por una pequeña minoría de personas… [con] la capacidad, dentro de un área dada, de tomar decisiones políticas y legales, e imponerlas con violencia, si es necesario".

Sin divisiones entre empleados y trabajadores, así como entre ricos y pobres, ya no existe la necesidad de contar con una entidad de violencia organizada controlada por una pequeña cantidad de personas, como la policía, para proteger la propiedad de los ricos e imponer la pobreza, el trabajo asalariado e incluso la hambruna a nadie. Asimismo, sin la necesidad de acumular capital u obtener ganancias, ya no hay necesidad de ejércitos para capturar nuevos mercados y recursos.

Por supuesto, aún existirá la necesidad de proteger a la población de personas antisociales o violentas, pero esto se puede realizar de forma localizada y democrática mediante una entidad encomendada, rotativa y revocable, en lugar de una fuerza policial inexplicable cuya brutalidad e incluso sus asesinatos casi siempre quedan impunes.

Para tomar decisiones colectivas, en lugar de la "democracia representativa", que gobierna la mayoría de los países en la actualidad, proponemos la democracia directa. La verdadera democracia es más que el derecho a elegir a un puñado de personas (con frecuencia ricas) para tomar decisiones políticas por nosotros durante algunos años, mientras que otras decisiones se realizan inexplicablemente en salas de reuniones corporativas lideradas por la "tiranía del mercado".

Podemos controlar nuestras luchas nosotros mismos, desde nuestros grupos de compañeros de trabajo a través de asambleas comunitarias y en el lugar de trabajo, y podemos reunirnos para coordinar en áreas geográficas inmensas utilizando tecnología de telecomunicaciones y consejos de trabajadores con delegados encomendados y revocables.

Igualmente, de la misma forma en que podemos organizar nuestras luchas, también podemos eventualmente organizar la sociedad nosotros mismos, como lo ha hecho la clase trabajadora en ocasiones. Por ejemplo, durante el levantamiento húngaro de 1956, se establecieron consejos de trabajadores para organizar la administración de la sociedad en vista de que los trabajadores exigían un socialismo basado en democracia de la clase trabajadora. Y más recientemente, desde el levantamiento en 1994, la región de Chiapas de México ha estado dirigida independientemente del estado a través de democracia directa, sin líderes y en la que los periodos de los servidores públicos están limitados a dos semanas.

Conclusión

Es posible que muchas personas piensen que el comunismo suena a una buena idea, pero que dudosamente funcionaría en la práctica. Sin embargo, primero vale la pena preguntase "¿funciona el capitalismo?"

Ya que miles de millones viven en grave pobreza en medio de una riqueza inimaginable y que nos precipitamos inevitablemente hacia una catástrofe medioambiental, creemos que la respuesta es un rotundo "no". De igual manera, si bien ningún sistema será perfecto, creemos que hay una vasta evidencia de que una sociedad comunista funcionaría mucho mejor que nuestra sociedad capitalista actual para la mayoría de las personas, incluso para los ricos, quienes con frecuencia no son felices a pesar de su opulencia.

Una sociedad comunista no estará exenta de problemas, pero solucionará los dilemas principales que enfrentamos hoy, como la amplia pobreza y la devastación ecológica, liberándonos para abordar problemas mucho más interesantes.

En lugar de la necesidad de trabajar más, producir más y acumular más, podemos enfocarnos en una forma de trabajar menos y hacer que el trabajo que debemos hacer sea más agradable y nos traiga más diversión, felicidad y dicha.

En vez de medir el éxito de una sociedad según el PIB, podemos medirlo según el bienestar y la felicidad. En vez de relacionarnos entre nosotros como “personal”, “clientes”, “supervisores” o “competidores”, podemos relacionarnos entre sí como seres humanos.

Puede que quienes estamos leyendo y escribiendo esto nunca vivamos para ver una sociedad completamente basada en el comunismo libertario, pero a pesar de esto, el comunismo como movimiento real —la lucha diaria para reivindicar nuestras necesidades contra las del capital— mejora nuestras vidas aquí y ahora, y nos da una mejor oportunidad de proteger las condiciones de vida y las laborales, además del planeta, para nosotros y las futuras generaciones. Ciertamente, es el comunismo como movimiento real —es decir, las luchas diarias para defender y mejorar nuestras condiciones hoy— lo que sienta las bases para el comunismo como una sociedad libre e igualitaria.

A lo que nos referimos con este movimiento, en distintas ocasiones y lugares ha sido denominado “comunismo anarquista”, “comunismo libertario” o simplemente “socialismo” o “comunismo”, no obstante, lo que importa no es el nombre ni la etiqueta ideológica, sino su existencia, no sólo como un ideal futuro, sino como la representación viva de nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestro espíritu de resistencia en nuestras vidas diarias. Este espíritu de resistencia existe, y siempre lo ha hecho, en cada sociedad y bajo cada régimen donde hay injusticia y explotación, así como la posibilidad de un mundo basado en la libertad y la igualdad para todos.

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